miércoles, mayo 20, 2009

El canto del grillo que quería ser astronauta

Acurrucados en sus casas, todos los años en la segunda semana de abril, los grillos se sientan a la mesa para cenar y sacan la agenda electrónica. Va llegando la hora de comenzar la diversión, se ponen nerviosos y dejan la cena de lado. Asoman la cabeza por la puerta y sienten como el calor primaveral ha llegado. Por vez primera salen a la terraza y entonan una canción para afinar los instrumentos y celebrar que la primavera la sangre altera.

Los grillos representaban en mi vida la llegada de una época difícil y emocionante, el final de un año lectivo, el inicio de los exámenes del colegio, el final de la temporada de fútbol, el inicio del buen tiempo y el de la luz...

Como cada año, en la segunda semana de abril a la hora de cenar me siento a la mesa y miro el calendario, me asomo a la ventana y busco el primer cántico de los grillos… y cuando lo oigo, salgo corriendo con el único objetivo de cazarlo.

Cuando lo saco de su cueva, nos miramos a los ojos y respiro profundamente, el mundo sigue girando, entonces me disculpo y lo vuelvo a dejar en su casa.

La primera vez fue un reto, ahora es un rito.


grillo en primer plano
La expresión de su cara. Hacer click en la imagen para hacer zoom.

Al igual que aparecen, a principios de Junio desaparecen, pero todavía a mediados o finales de Junio es posible escuchar como alguno afina sus instrumentos, sabes que es la última oportunidad del año, entonces al igual que dos meses antes, salgo corriendo detrás de él y dedico unos minutos en acercarme silenciosamente e intentar cazarlo, le doy los buenos días y me despido de él hasta el año que viene dejándolo asustado en la puerta de su casa.

En mis excursiones por Bélgica he buscado infructuosamente su inconfundible cántico, sin embargo he fallado estrepitosamente. Por suerte los frecuentes viajes a Bilbao me ayudan a redimirme en estos ritos. Todavía cada vez que cazo un grillo me acuerdo de aquellos que recluté para lanzarlos al espacio y me pregunto si estaré mirando a alguno de sus hijos...

Cuando era más pequeño no era tan agradable con ellos, o bueno, lo intentaba pero probablemente por aquél entonces no hubiese entendido o aceptado que probablemente muy a pesar mío los grillos no desean ir al espacio.


casa del grillo
Esta es una casa típica de un grillo. Por desgracia no se aprecian las profundidades y parece menos acogedora de lo que realmente son. A la derecha de la imagen tienen el "baño", allí se pueden ver sus "necesidades", hacia el otro lado hacen una terraza pequeñita donde quitan toda la hierba y la dejan con fina arenilla de tierra, allí es donde cantan. Click en la imagen para hacer zoom.

Así fundé mi propia agencia espacial. Lo primero que hacía era reclutar un par de grillos y los metía en unas cápsulas especialmente preparadas para ellos, tenían una ventana de plástico transparente sellada con celo y agujeros de ventilación. Además la cápsula llevaba un paracaídas de última generación, construido con hilo, trozos de bolsas de plástico y celo.

Para llegar al espacio utilizaba de lanzador una cometa, que por aquél entonces era lo que más arriba podía llegar en mi mundo conocido. La cometa que usaba estaba especialmente modificada con el hilo más largo del mundo que pude encontrar y esto me permitía alcanzar el espacio. Para el lanzamiento unía el paracaídas y la cápsula con un complicadísimo sistema de acoplamiento, unos trozos de celo endeble que me permitiesen realizar el desacople con un par de tirones.

Y así efectuaba el lanzamiento, tras unos minutos de respiración entrecortada y con un poco de suerte lograba desenroscar todo el hilo sin incidencias y en ese momento gritaba de júbilo, la cometa y la cápsula habían alcanzado el gélido espacio. Un par de tirones más tarde el celo cedía desacoplando la cápsula que realizaba una reentrada y abría el paracaídas con el primer contacto con la atmósfera. 30 segundos de caída que representaban el clímax de mis experimentos.


grillo en primer plano
En esta imagen se aprecia el abstracto dibujo en sus alas. Se puede observar una "P" invertida por la cual son bautizados como "Príncipes". Cuenta la leyenda que existen unos Carboneros con una "C", yo en un par de ocasiones he llegado a ver grillos con un dibujo diferente pero nunca una "C". Click en la imagen para hacer zoom.

Tras el aterrizaje quedaba la última tarea no menos emocionante, la recuperación de la cápsula y del nuevo astronauta-grillo que normalmente había aterrizado varias campas más allá. Después de recuperar la cápsula solía volver a la casa del grillo y dejarle una vez más en la puerta para que continuase con su vida y así pudiese contar a sus hijos que un día él fue al espacio.

Como cualquier otro programa espacial, esta agencia espacial no estuvo exenta de accidentes mortales...


cazador cazado
Cazador cazado. Alguién me sacó esta foto sin darme cuenta mientras yo intentaba disparar a algún grillo cantando. A mi derecha está la cámara preparada y tapada con un paraguas para protegerla del sol. La cámara está apuntando a la casa de un grillo y la foto la saco con mando a distancia, con el problema que conlleva enfocar antes de sacar la foto.

En Euskadi basta alejarse un poco de los núcleos urbanos para verse inmediatamente sumergido en el incansable canto de estas magníficas bestias. No importa que sea de noche o de día, su canto se mantiene mientras no llueva. Hay cientos de especies diferentes en el mundo, pero en el norte de la península ibérica tenemos el "gryllus campestris" (entre otros) y resulta ser la especie más bonita de todas, se me antojan animales pacíficos y estéticamente perfectos.

Algo que no hicieron mis astronautas durante sus viajes fue cantar y hacía muchos años que no veía uno cantar en su propia casa. Mi reto de este año no ha sido lanzarlos al espacio, pero intentar sacarles una foto realizando su cántico.


grillo cantando en primer plano
Me tiré un par de horas para conseguir esta foto. Como se observa en la imagen para cantar levantan las alas unos 45 grados y las mueven rozándolas con unas membranas. Una foto que vale millones (o una tarde de primavera). Click sobre la foto para hacer zoom

Cazarles es todo un arte. Da la casualidad (aunque creo que en la naturaleza no hay casualidades) de que el canto de los grillos tiene una longitud de onda igual a la distancia entre las orejas de los mamíferos. Esto dificulta enormemente ser localizadas porque perdemos el sentido de la profundidad en nuestros oídos, es equivalente a intentar juzgar distancias con un ojo cerrado.

De cómo cazarlos no hablaré en este post, no vaya a ser que acabéis con esta especie (en Inglaterra es una especie en extinción), tal vez cuando cace el último de la temporada me atreva a revelar este secreto de familia.

2 comentarios:

lapetiteenbelgique dijo...

Me ha encantado el post y la historia de los grillos astronautas :D

Bultza dijo...

jaja, gracias pettite!